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05 mayo 2025

Vacunas y prevención de enfermedades en emergencias

Vacunas y prevención de enfermedades en emergencias 

En caso de emergencia (terremotos, inundaciones, guerras…) la prioridad inmediata suele ser la seguridad física: salvar vidas, buscar refugio y encontrar alimentos. Pero existe un peligro silencioso que se intensifica en estas situaciones: las enfermedades infecciosas.

El acceso a agua potable se vuelve limitado, la higiene se complica, y las personas se agrupan en albergues o zonas improvisadas donde los virus y bacterias pueden propagarse con rapidez. En estos escenarios, la prevención y la vacunación se convierten en aliados vitales para evitar que la tragedia se agrave.

Actuar a tiempo no solo protege al individuo, sino también a toda la comunidad. Vacunarse y aplicar medidas preventivas puede marcar una diferencia inmensa cuando los recursos son escasos y la atención médica tarda en llegar.

¿Qué son las vacunas?

Las vacunas son preparaciones que entrenan al sistema inmunológico para reconocer y defenderse de virus o bacterias peligrosos, sin necesidad de enfermarnos primero. Funcionan introduciendo una forma inofensiva del germen (ya sea debilitada, muerta o solo una parte) que activa nuestras defensas y las deja listas para actuar si el verdadero microorganismo aparece en el futuro.

Gracias a las vacunas, no solo nos protegemos a nivel individual, sino que también ayudamos a frenar la propagación de enfermedades en toda la comunidad. En contextos de emergencia, donde las condiciones sanitarias se deterioran, vacunarse puede marcar la diferencia entre un brote controlado o una crisis sanitaria.

Importancia de las vacunas en emergencias

  • Previenen brotes masivos: en albergues, campamentos o zonas de desastre, enfermedades como el sarampión pueden propagarse en cuestión de días.
  • Protegen a los más vulnerables: niños, ancianos y personas con enfermedades crónicas tienen menos defensas y más riesgos de complicaciones.
  • Reducen la presión sobre los servicios de salud: en emergencias, los hospitales suelen estar colapsados. Si prevenimos contagios, liberamos recursos para quienes realmente los necesitan.

Las campañas de vacunación rápida en zonas de emergencia han salvado millones de vidas en todo el mundo. Son una herramienta silenciosa, pero poderosa.

Enfermedades comunes



Otras medidas de prevención

Vacunarse es vital, pero no es lo único que podemos hacer. Hay medidas simples y efectivas que salvan vidas:
  • Lava tus manos con agua y jabón siempre que puedas. Si no hay, usa alcohol en gel.
  • Bebe agua hervida, filtrada o tratada con pastillas purificadoras.
  • Consume alimentos bien cocinados, evitando comer cosas frías, crudas o que hayan estado al aire libre.
  • Usa mascarilla si hay riesgo de enfermedades respiratorias o mucha gente en espacios cerrados.
  • Aísla a personas enfermas (si es posible), sobre todo si tienen fiebre, tos intensa o diarrea.

Estas medidas, aunque parecen básicas, son la primera línea de defensa en emergencias sanitarias.

Conclusión

Las emergencias nos ponen a prueba. Nos obligan a actuar con rapidez, a pensar en los demás y a hacer lo mejor con lo poco que tenemos. En este contexto, las vacunas y las medidas de prevención se convierten en nuestras aliadas invisibles.

No se trata solo de evitar una gripe o una infección estomacal. Se trata de evitar que una crisis sanitaria se vuelva incontrolable. Y eso comienza con gestos pequeños, como lavarte las manos o acercarte a una carpa de vacunación.

Vacunarse también es un acto de amor. Y en medio del caos, prevenir es salvar.

Noticia

Para entender la importancia real de las vacunas quiero cerrar este blog con una historia que nos recuerda por qué no debemos bajar la guardia. En muchos lugares del mundo, vacunarse puede ser la diferencia entre la vida y la muerte. 

En este artículo publicado por El País en colaboración con UNICEF resalta la urgencia de mantener los programas de vacunación infantil, especialmente en zonas vulnerables. Rebecka Jonsson, especialista en salud global, relata cómo en un campo de refugiados en Kenia conoció a una madre que había perdido a su hija por polio, una enfermedad prevenible con una vacuna que cuesta apenas unos céntimos. Aunque la República Democrática del Congo fue declarada libre de polio, sigue enfrentando epidemias como la del sarampión, agravadas por la caída en la cobertura vacunal tras la pandemia y una preocupante crisis de financiación global. En 2023, unos 14,5 millones de niños no recibieron ni una sola dosis de vacunas básicas. Sin acceso a estas inmunizaciones, miles de vidas están en juego. Según UNICEF, alrededor de 4,2 millones de niños menores de cinco años sobreviven cada año gracias a las vacunas. En contextos de emergencia, garantizar el acceso a la inmunización no es solo una medida de salud, sino un acto urgente de justicia y humanidad.

Puedes leer la noticia completa en el siguiente enlace:

El deber de seguir protegiendo a los niños y niñas con las vacunas


21 abril 2025

Hemorragias

Una hemorragia es la salida de sangre del aparato circulatorio hacia el exterior del cuerpo o hacia un espacio interno. La gravedad de una hemorragia dependerá principalmente de la rapidez con que se pierde sangre, del volumen sanguíneo perdido y además, del estado físico y de la edad de la persona afectada.

Dependiendo de la ruptura o daño de vasos sanguíneos, se distinguen 3 tipos: arteriales, venosas o capilares.

  • Una hemorragia arterial es aquella donde su salida es rápida y pulsátil, y de color rojo brillante. 
  • Una hemorragia venosa es aquella donde su sangrado va a ser continuo y de color oscuro.
  • Una hemorragia capilar es aquella donde su sangrado es lento y superficial.



Según el espacio que en el que se vierta la sangre, podemos encontrar: hemorragias internas, hemorragias externas y hemorragias exteriorizadas.
  • En una hemorragia externa, la sangre sale directamente por la herida al exterior 
  • En una hemorragia interna, la sangre no se ve debido a que queda alojada en el interior del organismo.
  • En una hemorragia exteriorizada por orificios naturales, la sangre sale de alguna cavidad interna a través de conductos propios del organismo como los oídos (otorragia), la nariz (epistaxis), el recto (rectorragia), la boca (hematemesis) y los genitales (metrorragia). 

¿Como debemos de actuar ?


Una vez identificado el tipo de hemorragia, es fundamental actuar con rapidez y de forma adecuada en la medida de lo posible. 

Hemorragias externas


En caso de que la hemorragia sea arterial, debemos realizar una compresión directa sobre la herida utilizando una gasa o un paño limpio. Evitaremos el contacto de la sangre con nuestras manos y, siempre que sea posible, utilizaremos guantes para protegernos.

Tras realizar la compresión, en caso de que lo tengamos cerca, colocaremos un torniquete en la extremidad de la hemorragia entre 5 y 10 cm por encima de la herida. Una vez colocado, anotaremos la hora de colocación y no se retirará bajo ninguna circunstancia hasta que la persona reciba atención médica.

Es importante recordar que nunca se debe retirar la gasa o el paño con el que se realizó la compresión, ya que es el que hace que se coagule y se cierre la herida. 

Hemorragias internas


En estos casos, no siempre es posible determinar la ubicación anatómica exacta por donde sangra ni las estructuras afectadas. Por este motivo, no se debe dar de comer o de beber a la persona herida.

En caso de que haya una fractura cerrada evidente, trataremos de inmovilizarla cuidadosamente y la trasladaremos de forma urgente a un centro de salud, vigilando constantemente los signos vitales. Para ello, se colocará a la persona en posición antishock (acostada boca arriba con las piernas elevadas) si no presenta lesiones que lo impidan para favorecer la circulación hacia los órganos vitales.

Posición antishock


Hemorragias exteriorizadas


En estos casos, la actuación variará según el tipo de sangrado y su localización.

En las otorragias, observaremos si hay una salida de líquido de color blanquecino-amarillento. En caso de que si la haya, debemos sospechar de que ese líquido sea líquido cefalorraquídeo (LCR), lo cual indica una lesión craneal por lo que no taparemos ni comprimiremos la hemorragia. Si la persona no presenta traumatismos en la cabeza o en tronco y no haya signos de politraumatismo, se puede colocar en decúbito lateral (acostado de lado) sobre el lado por donde sangra el oído. 

En las epistaxis, realizaremos una compresión manual de las fosas nasales con la cabeza ligeramente inclinada hacia delante durante 5-10 min. Si el sangrado persiste, se taponaría la fosa nasal con una gasa estéril. 

En el resto de hemorragias, no se debe interrumpir la salida del sangrado, ya que podría estar drenando a una hemorragia interna. Se debe actuar con rapidez y trasladar a la persona a un centro médico lo antes posible para su valoración y tratamiento adecuados.


A continuación se adjuntan 2 vídeos para la colocación de un torniquete y la compresión de un hemorragia externa.


Vídeo 1: Colocación de un torniquete



Vídeo 2: Compresión de una hemorragia externa


Se enlaza, además, una noticia de como un guardia civil de Extremadura pudo salvar una vida al conocer esta técnica.



Fuente: Formación de primeros auxilios en Cruz roja

Primeros Auxilios: Atención ante un parto

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